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  • Gustavo Plaza

Por los caminos del barro ℹ️

Actualizado: 30 de nov de 2019

El invierno agudiza aún más la crudeza del desierto. Nos vamos a la Capital de la Cordillera, a la lejana y elogiada Fiambalá en busca del tesoro que emana de sus entrañas. 

En su curso, la Ruta Nacional 60 nos promete grandes hallazgos. Nos vamos entusiasmando por las crestas nevadas —que desnubladas— aparecen para acercarnos a los confines de la patria, a los altares volcánicos más altos del mundo y en donde más de una quincena de cimas se pelean por hacer flamear banderas de todos los colores.


¿Qué poder tendrá la montaña? 

Fiambalá todavía quedaba distante. Antes tendríamos que atravesar una decena de parajes olvidados en el olvido. Los seguíamos con la mirada y cavilábamos sobre la vida a la distancia, sobre la vida sin nada más que el recuerdo del Belgrano llegando a toda bulla por trocha angosta. 

El sistema ferroviario argentino fue por esa época uno de los más extensos del mundo. No sólo comunicaba a los pueblos si no que fundaba otros nuevos, casi con la misma celeridad con la que estos iniciaron su inexorable desgranamiento cuando partió la última diesel eléctrica un triste abril de 1977. Curiosamente el tejido férreo nos acompañó casi paralelo al Río Colorado, era fiel testigo del tiempo estancado. Nos acompañó hasta la localidad de Copacabana, cuya estación permanece intacta como si esperara la reactivación prometida. 


Más allá otra que esperaba era La Sala, una casona neoclásica que, a pesar de datar de 1850 y contar con una buena parte de su estructura de ladrillo, es la más fresca de la histórica Ruta del Adobe. No la más joven pero si la más reciente. 

Su integración a la mítica senda no fue hasta hace un par de años cuando sus dueños actuales decidieron devolverle la esencia e iniciar su restauración. 

Por fuera, las puertas y paredes permanecen ajadas con el propósito de no tapar su estirpe aristocrático. Por dentro, se disponen muy elegantemente los espacios destinados a la reunión exhibiendo antiquísimos candelabros y jarrones, así como valiosos muebles que habrían pertenecido al Coronel Darío Figueroa. 

La Sala no es sólo una pinacoteca del Siglo XIX sino también una posada con aspiraciones de hotel boutique, bodega y restaurante. La propuesta se completa con un centenar de hectáreas de vides que, por la condiciones naturales de producción, se suman a los caminos del vino. Del buen vino.


A continuación nos tocaba dejar La Puntilla entre fotogramas de holgadas casonas y frescos cañaverales. En seguida nos topamos de frente con el Río Colorado y un poco más allá con el portal de ingreso a Tinogasta: del cacán "Reunión de Pueblos". Una de las seis ciudades más importantes de la provincia y sin duda la más notable de esta parte de Catamarca. Aunque mustia, al igual que La Sala, es la modesta puerta de entrada a un mundo inusitado pero portentoso.


No obstante, desde allí se dispara oficialmente la Ruta del Adobe y la primera parada es un Hotel Boutique. Casagrande se presenta como la alquimia perfecta entre rusticidad y confort, y ¡vaya que logra detentar nuestra atención!

La casona, que alguna vez perteneció al Vicecónsul chileno Rodolfo Orella, data de finales del Siglo XIX y fue también sede del Batallón Cazadores de los Andes y Centro Cultural de la ciudad.


Armoniosamente restaurada y adaptados sus espacios para la recepción de huéspedes, Casagrande deja vislumbrar el barro centenario con el que por siglos se erigieron los pueblos a lo largo de este lado del continente y que, por sus cualidades térmicas y ecológicas, sigue configurándose como una de las más elogiadas técnicas de construcción. 

Es así que de forma premeditada el revoque cede para dibujar en adobe figuras aguada, para incrustar botellas de vino o para simplemente contarnos algunas historias. 


La 60 nos redirige hacia el norte. Vides y olivos mestizan el árido valle de Abaucán en las afueras de Tinogasta.  La pre-cordillera nos sirve de referencia para imaginar lo que se viene, pero antes El Puesto nos invita a sumergirnos nuevamente en el barro sagrado.

La pequeña capilla dedicada a la Virgen del Rosario emerge de la tierra como los añejos algarrobos que dejan caer sus frutos sobre el suelo terso de agua y barrisqueada. Construida en la primera mitad del Siglo XVIII, es uno de los edificios más antiguos de la Ruta del Adobe y resguarda en su interior una curiosa imagen, traída de Bolivia en 1715, de la Virgen amamantando al niño. 

El complejo de Los Orquera además dispone de un museo, una casa de regionales y cabañas administrados aún por los descendientes de Teófila de Orquera (quién inició la línea de sucesión)



Sin embargo —susurran — El Puesto fue el heredero de un pueblo aún más antiguo del que no quedaron rastros... ¿o si?

Como un espejismo, asoma monumental. La Iglesia de Andacollo se levanta impoluta sobre el esfumado villorio de La Falda y nos despierta profunda admiración. Es también neoclásica y de barro, una joya arquitectónica en medio de la nada.

Data de mediados del Siglo XIX y es la única construcción en pie hacia el lado occidental de la carretera internacional, tan occidental como sus raíces chilenas. Es la única edificación que —según la ya endeble memoria de viejos baqueanos— resistió a la crecida de uno de los afluentes del Río Colorado y a los sismos que destruyeron La Falda por completo.



La Ruta del Adobe se abre camino hacia el Anillaco catamarqueño y, por la 60, culmina en Fiambalá completando el itinerario de pretéritas capillas e ingentes mayorazgos que más allá, y aunque ya por fuera de la Ruta, continúan anudando las crónicas del lejano oeste argentino. 


De repente, inmensas montañas de talco nos anuncian la llegada a la "Casa del Viento". La 60 abruptamente toma dirección oeste y se inmiscuye en la cordillera a fin de peregrinar la Ruta de los Seismiles y superar los 4700 metros sobre el nivel del mar en el Paso Internacional de San Francisco (el enlace pavimentado más alto del país)

La Provincial 34 toma la posta y nos conduce hasta la pintoresca plaza de Fiambalá para desde allí emprender la senda que nos pondrá frente a la Vedette del turismo catamarqueño.


El agua bendita que emana de las entrañas de la tierra, y que desciende por la montaña a partir de los 60ºC., es el atributo que en varias ocasiones condecoró a Fiambalá como el destino más visitado de Catamarca y en uno de los diez destinos emergentes mejor posicionados de la Argentina según un relevamiento realizado por el Mintur a través del Instituto Nacional de Promoción Turística.

No es para menos. Las Termas de Fiambalá son un verdadero delirio de la naturaleza. Enclavado en una diminuta quebrada, por la que los aludes suelen abrirse paso cada tanto, el complejo cuenta con catorce piletones construidos rústicamente en piedra que retienen el agua mineralizada a 1ºC. de diferencia uno de otro. 

De paso, arbustos y viejos algarrobos aprovechan la humedad para crecer exultantes entre las grietas y conformar un súbito oasis. El poder curativo y medicinal del agua hicieron de Fiambalá mella del Turismo Salud en esta parte del Norte Argentino permitiendo el crecimiento de su oferta a pasos agigantados. Actualmente el complejo ofrece alojamiento, gastronomía y servicios de spa y terapias antiestrés así como trekking y safaris fotográficos por sus alrededores a precios de no irse nunca.




Después, nos esperaban las adrenalínicas Dunas del Dakar. Por los cerros orientales del bolsón de Fiambalá escala la Duna Federico Kirbus que ostenta ser la más alta del mundo con sus 1200 metros.

No obstante, esta yace como patrimonio de los intermitentes pueblos del norte que han ido ganando protagonismo a medida que el Rally Dakar encontraba sus mejores travesías en los rigurosos medanales.

 

El primer pueblo en aparecer es Saujil, un oasis propiamente dicho del que emanan vertientes naturales con los que se nutre su consuetudinaria cultura viñatera. Allí mismo el paisaje afila una cresta de 200 metros de puro médano. Cada paso es implacable, cada bocanada de aire es una batalla que la duna nos gana. No son para cualquiera: estas montañas que acumulan millones de rocas erosionadas, se forman gracias a pequeños —y muy finos— granos de arena que con la ayuda del viento viajan cientos de kilómetros para finalmente depositarse ante algún obstáculo orográfico y convertirse en aduladas academias de sandboard.



Pero el desafío no es solo para los que se animan a divertirse con ellas, también lo es para los campesinos que cada año las ven más cerca de sus huertos y, que como a las casonas de las que solo pueden advertirse las vigas de algarrobo curvado de sus techos sobresaliendo del medanal, temen algún día tenerlas tan encima que ya no queden vendimias por delante.


A mitad de la duna y mientras los remolinos se desataban en el vasto e impetuoso desierto, discurría en mi la sensación de hostilidad. Esa hostilidad que condiciona y amenaza la vida, y la que al mismo tiempo atrae, asombra y abre un portón más que importante al progreso, de estos pueblos casi condenados a la extinción, de la mano del turismo.


¿O será que como cuando aquellas catedrales de adobe, la condición fue siempre reintegrarse a la naturaleza y desparecer?

*** ***

DATOS ÚTILES

✔ Las Termas de Fiambalá se encuentran a 1400 km de la CABA, 360 km de SFVC y 15 km de la ciudad de Fiambalá, sobre la Sierra homónima a 1900 m.s.n.m.

✔Servicios de transporte aéreo: Aerolíneas Argentinas y Austral desde Buenos Aires a SFVC.

✔Servicios de transporte colectivo de pasajeros hasta Fiambalá: Empresas Robledo y Gutiérrez desde SFVC. Gutiérrez desde Córdoba.

✔Rutas de acceso desde SFVC: RN 38 - RN 60 - RP 156

desde Córdoba: RN 60 - RP 156

desde La Rioja: RN 38, RN 75, RP 9 - RN 60 - RP 156

✔ No hay transporte público de traslado desde la ciudad hasta el complejo termal. En caso de no contar con un vehículo particular se pueden contratar remises o guía-chofer en la Dirección de Turismo de Fiambalá (frente a la plaza principal)

✔ El camino hasta el complejo termal es asfaltado-consolidado, de cornisa, transitable con precaución.

✔ Abierto todo el año. Temporada más concurrida: otoño-invierno. No se aconseja arribar al complejo días con probabilidad de tormentas fuertes: riesgo de alud.

✔No se permiten mascotas.

✔Probabilidad de apunamiento.


Canon de ingreso (enero 2019)

Turista internacional $300

Turista nacional $200

Residente catamarqueño $150

Residente de Fiambalá $30

Jubilados %50 OFF

Menores de seis años FREE

Carpa $250

Casilla rodante $700

Alquiler de bata por día $100

Estacionamiento gratuito

✔ Para reservar una cabaña en el complejo termal hay que dirigirse a la Dirección de Turismo Municipal o comunicarse al número (03837) 496250 (recomendado en épocas de mucha concurrencia)

✔En las inmediaciones del complejo hay camping, hostería y hostel.

✔Tiempo recomendado de estadía: dos días.

✔No te podés olvidar: protector solar, buen calzado, anteojos de sol, abrigo (gran amplitud térmica), cámara de fotos.



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